¿Qué queremos ser de mayores?

Han pasado apenas tres días desde las elecciones municipales y autonómicas del pasado 24 de mayo y, como en todos los sufragios anteriores, me enorgullece decir que yo no he votado. Esto no me impide poder ejercer la noble y entretenida práctica de la crítica.

Me voy a centra en Barcelona, que además de ser mi ciudad, creo sirve como paradigma de la situación socio-política que se vive en España.

“Barcelona en Comú”, partido liderado por Ada Colau ha resultado la fuerza más votada, con algo más de 176.000 votos, el 25,21%. Cuántos comentarios se me ocurren al respecto… Me centraré solo en uno, su propuesta estrella “Paralizaré todos los desahucios en Barcelona”.

¡¡¡Jajajajaja!!!

Perdón.

Este punto en concreto afecta a nuestra empresa, y mucho, ya que nuestras dos líneas principales de negocio son la concesión de préstamos hipotecarios y la prestación de servicios jurídicos para el recobro de los mismos.

Debo decir que me asusta que personajes como esta señora vayan a estar a las riendas de nuestro ayuntamiento. No hablaré de su currículum, porque con un simple paseo por Google podréis saber más sobre ella.

Y yo, conocedor de la materia, me pregunto: ¿Cómo va la Sra. Colau a terminar con los desahucios? ¿Suspenderá los procedimientos judiciales en curso? ¿Con qué autoridad? ¿Comprará a los bancos y fondos de inversión todos sus créditos morosos? ¿Con qué dinero? Un modesto servidor no conoce una fórmula plausible que permita al alcalde de un municipio español, por importante que éste sea, terminar con los desahucios. Probablemente utilizará la misma receta que Rajoy cuando en 2011 prometía bajar los impuestos e incrementar la inversión pública; o la de Pablo Iglesias cuando promete un salario universal… la “magia política”.

Ada Colau

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Y, ¿qué es la magia política? Pues bien, la magia política es el arte que tienen algunos personajes que se manejan en estos círculos. Los de la casta, sí, para mentir en sus programas con promesas manifiestamente inalcanzables. Pero qué más da, persiguen un fin: el de ganar votos para convertirlos en poder para sí mismos. Luego incumplirán con su electorado, pero no importa, los votos ya se han capitalizado y seguro que encontrarán algún factor exógeno al que echarle la culpa.

Vivimos tiempos confusos, tiempos de cambio, que sin duda buena falta nos hacen. Solo espero que nuestra sociedad sea capaz de canalizar estos cambios hacia el clamor popular y no hacia el populismo, como viene pasando en los últimos meses.

Los ciudadanos no podemos permitir que un capitalismo salvaje, salvaguardado por políticos “servilitos”, siga capitaneando nuestra sociedad con el único fin del beneficio individual, sectorial o partidista. Está claro. ¡Pero cuidado! Este caldo de cultivo, como se ha visto en las pasadas elecciones municipales, resulta óptimo para la elevación de los populistas.

Grandes oradores, comunicadores destacados, profesionales de medio pelo que, cual trilero, meten en su bolsillo los votos de una incauta mayoría. No quiero decir con esto que los ciudadanos seamos tontos, no; simplemente no somos técnicos de todas las materias, y nos dejamos llevar por propuestas que nos resultan atractivas para nuestros intereses, sin atender en muchos casos a que las personas que las formulan saben que son inaplicables.

No estaría mal exigir a los políticos responsabilidad por sus propuestas incumplidas. No aquellas que han resultado razonablemente frustradas por el propio juego democrático, pero sí aquellas que atentan contra la razón. En materia económica, que es lo mío y es donde tengo algo de juicio técnico para resultar crítico, los programas están repletos de ellas.

Número de concejales en Barcelona

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Fuente: elpais.com

Un comentario aclarador para los que no me conozcan bien (para los que sí me conocen la aclaración estará de más). No pueden entenderse mis palabras como armas contra las soluciones al colectivo de afectados por la crisis hipotecaria, en absoluto. Opino que se trata de un colectivo lo suficientemente amplio y castigado como para merecer el respaldo de nuestras instituciones públicas. Lo que ataco es el aprovechamiento político del sufrimiento de estas gentes, con medidas que no resultan ni resolutivas ni eficaces para su causa.

Os aseguro que un humilde servidor es capaz de elaborar un conjunto de medidas viables jurídicamente que, sin atentar contra los derechos constitucionales del resto de ciudadanos, aminoren el sufrimiento de este colectivo. Hablo de medidas reales, no leyes de segunda oportunidad, leyes de protección de los deudores hipotecarios y otros engendros que el legislador se saca de la manga para contentar al público, pero que carecen de trascendencia real.

Como se puede ver en las líneas anteriores, la realidad actual me indigna, pero también me apena. Una ciudad como Barcelona, potencia mediterránea, sede olímpica, cuna de la rumba y del barrio chino…!! No puede tal barco estar capitaneado por semejante marinero. Lo siento por mí, por mis hijas, por vosotros, y por quienes la votaron; pero este es el juego democrático. Por eso yo prefiero no jugar. Deciros que, por lo pronto, tras 30 años de vecindad en Barcelona he procedido a cambiar mi domicilio a efectos de padrón municipal. Me niego a que estas gentes administren mis impuestos (por lo menos la parte que puedo evitar…), el fruto de mi esfuerzo.

Para cerrar, en clave económica, os dejo dos gráficas. La primera es la evolución del IBEX 35 en los últimos quince días. La segunda es la de la cotización de la deuda pública Española a 10 años del mismo periodo.

IBEX 35

Bono a 10 años

Javier Mera (Socio-Director)

2 Responses

  1. Curioso que en sus primeras declaraciones Ada Colau exija a la generalitat que cumpla con sus compromisos financieros con el consistorio y pague la deuda.

    1. Es fácil ser comunista con lo ajeno. Con lo própio no es tan sencillo…

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